El auge del sarampión en Occidente ha llevado a algunos países a tomar medidas drásticas. Visto que un 11% de los menores de 5 años no estaban vacunados contra la infección, el Gobierno australiano ha decidido suspender los derechos fiscales por hijos menores de 5 años a los padres que no demuestren que les han inmunizado. En total, unos 1.700 euros por niño y año. Es complicado, pero no puede ser que uno decida no vacunar a sus hijos contra el sarampión y luego la sociedad tenga que asumir los costes individuales y colectivos de esa decisión.
El sarampión, una de las principales causas de muerte en niños pequeños y que prácticamente estaba erradicado de Europa, ha resurgido con el cambio de década de manera preocupante hasta llegar a contabilizar el último año más de 28.000 casos en 29 países. El más afectado de todos es Francia, donde los 4.000 pacientes atendidos en 2010 se convirtieron el ejercicio pasado en más de 15.000. La situación en España está más controlada, pero las cifras publicadas tampoco invitan al optimismo. Los 1.900 casos de 2011 multiplican por diez los anotados un año antes.
El problema es que para mantener el sarampión a raya se necesitan coberturas de vacunación muy amplias, superiores al 90%, aunque lo ideal es el 95%. No olvidemos que hablamos de una enfermedad extremadamente contagiosa y que cuando se detectan pequeñas bolsas de afectados, lo más seguro es que acaben contrayéndola todas las personas susceptibles de enfermar. Es decir, todas las que están sin vacunar.